sábado, 15 de abril de 2017

¿Quién eres?


Me senté largas horas a esperar el autobús, hacía frío.
Dentro de la maleta llevaba bastante ropa que me sirvió de asiento durante largas horas de espera.
Miré hacia el frente, el bosque era muy espeso y sentía escalofríos.
Pienso que me equivoqué de camino y que por ahí, no pasaría el coche que me llevaría de vuelta a la realidad.
Decidí no tener miedo y no escuchar todos los ruidos que provenían del bosque.
Saqué de mi bolsillo una radio que me ayudaría a pasar el trance de la espera, menos mal que existe la música que hace que todo lo negro se vuelva de colores.
No sabría calcular, cuánto tiempo llevaba pensando en aquél momento, en que volvería a caminar por las calles de la mano de alguien que pudiera tocar,  sentir al oído una palabra bonita, y que esos susurros fueran acompañados de una sensación de calor en mi cara.
Había soñado tantas veces con mirar a los ojos de una persona de carne y hueso, que por soñarlo tanto, me veía rodeada de una simple escultura que nunca sería real.
Siento ruidos lejanos quizás, sea el autobús que está a punto de llegar, una alegría inmensa pero...falsa alarma, me toca ser paciente y seguir esperando.
Frente a mí, hay un árbol que puedo rozar y que tiene frutas que puedo comer.
De repente alguien me rozó el pelo y miré hacia atrás, me quedé estática sin saber que hacer...no sabía si salir corriendo, o por el contrario agradecer la compañía de aquella persona que jugaba con mi pelo en un ambiente, entre tenebroso y con notas musicales que salían de mi radio.
-¿Me dejas que te haga una trenza?
Estupefacta me quedé, que no sabía que contestar, estaba sola entre tanta nada y esperando ese autobús que parecía que nunca iba a llegar.
¿Quién eres?.
-Soy tu conciencia y vengo a hacerte compañía y a hacer por ti, lo que llevas tanto tiempo soñando.
¿Que sabes tu de mis sueños?, no te creo, eres un síntoma de mi imaginación asustada y harta de esperar.
-Tienes un pelo precioso, suave, seguro que tendrás muchas personas que les gustaría acariciarlo y te empeñas en no dejar que nadie lo roce.
No digas tonterías, déjame esperar mi autobús y vete.
-¿Porqué en vez de esperar ese autobús, no te vas caminando?, piensa que por el camino, vas a encontrar cosas muy interesantes, aquí estas sentada, escuchando música, esperando un autobús que quizás no llegue nunca camina, y yo te acompaño verás, que tus pasos valdrán mucho más que todas esas horas que has acumulado sentada y con el rostro inerte y expectante. Si me permites te daré la mano y podremos andar juntos, mirando y apartando árboles que seguramente, no te darán el fruto que esperas y yo te guiaré.
¿Cómo se que eres mi conciencia y que no me estás engañando?
-No me puedes ver, pero estoy a tu lado, notas que te rozo, se te pusieron los bellos de punta, toco tu pelo y no puedes apartar mi mano de él, te acompaño y si te cayeras, te ayudaría a levantarte, no te pido nada a cambio, solamente que me dejes ir a tu lado siempre que me necesites.
Me levanté y cogí mi maleta, apagué la radio y me limité a escuchar las palabras que decía mi conciencia, levanté la vista y allí había una sombra que creo que era la mía, hacía horas y horas que no la veía y fue alentador ver mi propia sombra.
-Eres una persona íntegra, capaz de hacer feliz a cualquier persona que tengas a tu lado, valora tu tiempo y no te detengas nunca, piensa que el tiempo es oro y si te lo pasas esperando, quizás nunca consigas llegar a tu destino, ármate de ganas y valor para seguir caminando, todo lo que desees en esta vida que te ha tocado vivir, lo vas a lograr con tus pasos.
Comparte conmigo tus miedos, y yo sabré guiarte por el mejor atajo, nunca pienses que estás sola, tu y yo, hacemos un equipo y nadie podrás alejarte de tus cometidos. Si esperas algo que no viene, levanta y sigue andando porque quizás, lo que esperas es como la maleta que llevas llena de ropa en la cuál te sientas a esperar, fría como el hielo.
Estoy contenta de haberte encontrado, ya no tengo miedo de estar perdida,  por supuesto agradezco el calor de tus manos en las mías.
De repente llegó el autobús, dejé esa maleta en el suelo, porque decidí, no volverme a sentar en ella a esperar nunca más.
Vete y déjame sola, acompáñame si me ves que vuelvo a tener mi cara inerte, toca mi pelo y coge mi mano, no permitas que me vuelva a sentar.