jueves, 19 de enero de 2017

Obsesión por un Like


Ese fue el caso del joven estadounidense de 19 años, Danny Bowan, que reconoció que estuvo a punto de quitarse la vida por no haber logrado sacarse, lo que él considera como el selfie perfecto.
El psicoterapeuta y profesor de la Universidad Iberoamericana, Jesús Piña señala a RadioNederland que, el Internet, las redes sociales como Facebook y Twitter, así como los teléfonos inteligentes, las computadoras y tabletas son herramientas, y como tal son neutras, y el hecho de que alguien se tome una foto con el móvil “ni es bueno ni malo, es un evento neutro”.
Según Piña, el problema radica en las necesidades humanas que siempre han existido y que tiene cada individuo, pero ahora con la tecnología se potencian y multiplican. Empezando por la necesidad de identidad, explica el psicoterapeuta, que es el poder del individuo de reconocerse quién es, y “la única forma de lograr esto es a través de los otros”, pues asegura que uno sabe quién es a partir de cómo los otros lo ven.
“Otras necesidades son las de aceptación y de pertenencia, que consisten en sentirse parte de algo más grande”, señala Piña y lo ejemplifica como si fuera una pared “donde cada tabique es una persona que se siente sólida, unida con una comunidad más grande que le presta atención”. Y una última necesidad que menciona, es la del sentido, el descubrir el por qué está uno en esta vida.
Al conjuntar todas estas necesidades, afirma Piña, se pueden dar el contexto de estos fenómenos o conductas y, subraya, que el punto está en el exceso del uso de estas herramientas y del contenido, como son las fotografías.
En el caso particular del joven estadounidense, Danny Bowan, el psicoterapeuta Jesús Piña no tiene duda acerca de que él, al estar buscando ser aceptado, aumentar su autoestima y ser reconocido se volvió un “boomerang” que lo alejo de su objetivo. Según el terapeuta, esto se debió a que las herramientas y los medios que utilizó no dieron el resultado que él esperaba. Dany reconoció que a causa de su adicción y obsesión por obtener el selfie perfecto, perdió sus amigos, abandonó la escuela y estuvo a punto de quitarse la vida.
Además, Piña señala un punto más profundo que se puede aplicar tanto en el caso del joven estadounidense como el de otras muchas personas, aunque no se encuentren en el nivel extremo de éste, que es “la necesidad de amor, el mendigar afecto”, y asegura que lo que hay detrás de lo que mucha gente publica en Facebook, “son personas necesitadas de sentirse amada y contenida”.
El psicoterapeuta José Piña afirma que una terapia convencional es más que suficiente, incluso en los casos tan extremos como el del joven estadounidense. El objetivo del terapeuta, explica, consiste en lograr que el paciente “se empodere, aumente su autoestima, que encuentre motivos que le dan sentido a su vida”. Asegura el experto que se trata de un trabajo lento, pero muy bien armado con la finalidad de fortalecer el ser de las personas que así lo dispongan y salir del enredo que los está causando conflicto. Además agrega que si se lleva el tratamiento más allá de la terapia, sugiere que sea con mucho amor “porque detrás de muchas de estas conductas, hay mucho miedo, vacío, confusión y mucha inestabilidad existencial.”
Hace un poco más de una década ya se comentaba sobre la adicción al Internet. Individuos que pasaban largas horas conectados a la red y desconectados de su entorno. En la actualidad es común ver a las parejas, amigos y familias reunidos en un café o restaurante, pero sin cruzar palabra alguna, debido a que todos tienen su mirada y atención en sus teléfonos inteligentes o dispositivos móviles, por lo que ésta parece ser la nueva dinámica de socialización y de relacionarse.
En ese sentido, el terapeuta y también conferencista, José Piña afirma que esto es una realidad y todo depende del manejo de límites y hasta dónde uno quiere conectar con la otra persona:
“Obviamente cuando cada quien está en su teléfono móvil, tableta o cualquier dispositivo móvil, se aísla de unos para conectarse con otros, aunque sea virtual; acerca los que están lejos y aleja los que están cerca”.

Por lo que insiste que la elección depende del usuario y no del aparato, y añade que “la tecnología por sí misma ni es buena ni es mala y que aprendamos a convivir con ella”, concluye José Piña, psicoterapeuta y profesor de la Universidad Iberoamericana.