domingo, 25 de diciembre de 2016

TOMMY HILFIGER



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La Gran Manzana de Nueva York, ni más ni menos, ese ha sido y sigue siendo el escenario en el que Tommy Hilfiger ha desarrollado su estética made in USA, desde donde ha expandido su marca a todos los territorios y hacia todos los productos y desde donde ha logrado alcanzar el éxito.
Poco podía imaginar Thomas Jacob Hilfiger (Elmira, 1951) que su intención de trasladar el estilo neoyorquino de la calle a su pequeño pueblo, abriendo una tienda, le conduciría a poseer un auténtico imperio textil. Parece que en su ahínco y en su voluntad de trabajo radica la fórmula del éxito de este hombre tranquilo y de sonrisa sempiterna: “No veo lo que hago como un trabajo. Mi marca es mi pasión, así que jamás lo he entendido como una obligación”.
“Sucedió de forma natural -asegura él-. Sentí algo que me hizo llevar todos los tipos de belleza, la que está en el rock, los surferos o en los patinadores, a todo el planeta para inspirarlo”. Y vaya que si lo hizo. Tommy Hilfiger cuenta con un millar de tiendas repartidas por todo el mundo y es, actualmente y gracias al manejo de los símbolos estadounidenses, uno de los máximos exponentes -junto a Ralph Lauren o Calvin Klein- del espíritu, la forma de vestir y, sobre todo, el modo de vida, norteamericanos.
No contento con la moda, en 1995 Tommy Hilfiger creó su propia Fundación destinada a labores de carácter humanitario, algo que según el propio diseñador siempre estuvo entre sus prioridades: “Desde joven, mi sueño fue ganar el dinero suficiente como para cambiar las cosas, así que iniciarme en ese campo fue bastante lógico para mí”.