martes, 13 de diciembre de 2016

La ambición del corazón


Debemos cultivar la ambición del corazón. Esa que lucha por que seamos mejores personas, sin competir con nadie sino con nosotros mismos. Solo así lograremos ser felices
Todos sabemos lo que es la ambición. Sin embargo, es necesario diferenciar entre la que se encuentra en nuestra mente y la que está en nuestro corazón.
Un tipo de codicia que nos amarga, pues dejamos que nuestra felicidad dependa de los bienes materiales, de las posesiones y de la riqueza que poseamos.
Esta pretensión no nos interesa, pues no nos aporta nada bueno. La verdadera ambición, la más pura, tiene que nacer del corazón.
¿Eres ambicioso de mente o de corazón?Para reflexionar sobre esta pregunta nos apoyaremos en uno de los diálogos que  se encuentran en el libro El caballero de la armadura oxidada de Robert Fisher, donde el mago Merlín y el caballero protagonista hablan de lo siguiente:
Me estáis confundiendo –musitó el caballero–. Sé que las personas necesitan tener ambición. Desean ser listas y tener bonitos castillos y poder cambiar el caballo del año pasado por uno nuevo. Quieren progresar.
Ahora estáis hablando del deseo del hombre por enriquecerse –dijo Merlín–; pero si una persona es generosa, amorosa, compasiva, inteligente y altruista, ¿cómo podría ser más rica?
Esas riquezas no sirven para comprar castillos y caballos –dijo el caballero.
Merlín esbozó una sonrisa–, hay más de un tipo de riquezas, así como hay más de un tipo de ambición.
A mí me parece que la ambición es la ambición. O deseas progresar o no lo deseas.
Es más complicado que todo eso –respondió el mago–. La ambición que proviene de la mente te puede servir para conseguir bonitos castillos y buenos caballos.

Sin embargo, solo la que proviene del corazón puede darte, además, la felicidad.
¿Qué es la ambición del corazón? –le cuestionó el caballero.
La ambición del corazón es pura. No compite con nadie y no hace daño a nadie. De hecho, le sirve a uno de tal manera que sirve a otros al mismo tiempo.
¿Cómo? –preguntó el caballero esforzándose por comprender.
Es aquí donde podemos aprender del manzano. Se ha convertido en un árbol hermoso y maduro que da generosamente sus frutos a todos.
Cuantas más manzanas recoge la gente –dijo Merlín– más crece el árbol y más hermoso deviene.
Pero –objetó el caballero– si me pasara el día regalando manzanas no podría tener un elegante castillo y no podría cambiar el caballo del año pasado por uno nuevo.
Vos, como la mayoría de la gente, queréis poseer muchas cosas bonitas, pero es necesario separar la necesidad de la codicia.
La codicia no es positiva
Hemos crecido en una sociedad que nos ha impuesto el pensamiento que tenía el caballero. Uno que tira hacia la posesión, hacia la acumulación de riqueza, aunque luego no se sepa muy bien qué hacer con ella.
No es lo mismo querer superarse a uno mismo, destruyendo las barreras que nos limitan, creciendo interiormente para ser mejores personas, que intentar ser superiores a los demás.
Nuestro ego es el principal causante de que nunca nos encontremos satisfechos, quizás porque no estamos buscando la felicidad en el lugar adecuado.
Escucha por un momento a tu corazón, pues él es sabio y te dicta lo que debes hacer. No obstante, en la mayoría de las ocasiones, procuras ignorarlo.
Esto lo hacemos porque cultivamos un corazón pobre que ha quedado relegado a un segundo plano. Estamos muy ocupados gastando nuestro tiempo en aquello que no nos brindará fruto alguno.
La verdadera ambición del corazón no hace daño a nadie, ni compite con nadie, porque no le hace falta.
Siempre que puedas dar lo mejor de ti mismo; con lo poco que tengas a tu alcance, bastará.
A veces, anhelamos más de lo que en verdad necesitamos y, si mirásemos hacia nuestros pies, descubriríamos grandes riquezas.
Creemos que tenemos que movernos constantemente en búsqueda de aquello que nos falta. Sin embargo, si nos parásemos por un momento descubriríamos que esto no tiene sentido.
Debemos hacer como el manzano. Quedarnos quietos más a menudo, como si fuésemos un árbol, y descubrir lo que podemos ofrecer y que nos puede permitir crecer.

Lo tienes todo para ser feliz. No ambiciones con la mente, hazlo con el corazón.