lunes, 19 de diciembre de 2016

Correr no es un juego

Correr nos enseña a ser constantes, a superar la pereza. 
Correr para encontrarnos mejor, para estar más saludables, se ha convertido en una auténtica batalla por superarse a uno mismo y, siempre que se pueda, a los demás. Queremos ir un paso más allá. 
Correr no uno, sino cinco maratones al año.
Qué digo, queremos correr ultramaratones, y maratones de ultramaratones. No importa si hasta hace apenas unos meses nos pasábamos los días, las semanas o los meses tirados ante un sofá. Vamos a pasar de cero a 100 en un abrir y cerrar de ojos y vamos a convertirnos en la envidia de los demás.
2. Conseguir resultados rápidos en poco tiempo
Correr nos enseña a ser constantes, a ser disciplinados, a superar la pereza. Sin embargo, queremos conseguir resultados record y para ello, sometemos a nuestro cuerpo a todo tipo de entrenamientos series, 'fartleks', cuestas, fuerza… Si hace un año corrí mis primeros 10 kilómetros en 60 minutos, y ahora ya bajo de 50, ¿cómo no voy a ser capaz de bajar otros 10 minutos si me 'machaco' seis días a la semana y me pego unas palizas monumentales, entrenando incluso dos veces al día?
 ¿Es necesaria una prueba de esfuerzo?

Seguramente, sí. Pero no solo para correr una maratón. Cuanto menor es la distancia recorrida, mayor suele ser la intensidad del ejercicio. Obviamente, no corremos al mismo ritmo un 'diezmil' que una maratón, y, por tanto, aunque a nivel físico y de articulaciones castigamos mucho más a nuestro cuerpo en los 42 kilómetros, sometemos a nuestro corazón a un mayor estrés en carreras mucho más cortas.
De toda la vida, el deporte ha sido un esfuerzo, para mejorar nuestro físico, sin embargo, sería conveniente, que practiquemos también, el deporte mental antes de salir a correr.
Todo en exceso es TÓXICO.