miércoles, 30 de noviembre de 2016

Gritos Silenciosos (4)


En los siguientes días , mi nombre estuvo sonando continuamente por los altavoces del colegio mayor para que acudiera a la garita de teléfono. Era el señor, que me llamaba con la intención de quedar conmigo. Tantas veces llamó, tantas le di negativas...excepto una. Evidentemente, la última. ¡Porque cometí ese error?. Supongo que me cogería en uno de muchos momentos tontos, pero supongo también que su perseverancia ( sus llamadas se sucedieron diariamente durante un mes ) terminó por erosionar mi resistencia. Por una parte era como de acabar con tan interminable acoso, y la otra por reconocer que mi ego se vio inflado porque un caballero ( seguro que entonces no pensé en él como señor ) tuviera tal pasión por mi, que guardara celosamente una foro mía y me llamara con semejante insistencia, quizá había leído demasiadas novelas de Corín Tellado. De alguna forma y en alguna medida, lo que en un principio me pareció un ataque inaceptable a mi intimidad, se tornaba ahora en romanticismo.
Pedí una voluntaria entre Rorro y Macarena para que acudieran a la cita conmigo. Fue esta última la que se ofreció. Al saber que yo iba acompañada, el señor trajo un amigo, Arturo, un hombre muy simpático. Como también estuvo muy simpático el señor, que debido a la diferencia de edad y, aunque me pese reconocerlo, a su propia habilidad, tenía tablas y se sabía manejar ante unas jóvenes como nosotras para hacernos la velada agradable y divertida. Por supuesto se portaron como caballeros a la antigua, llevándonos a sitios elegantes y sin permitirnos pagar una sola consumición. Ambos tenían una buena posición social por partida doble, tanto por pertenecer a familias adineradas como por desempeñar trabajos retribuidos y de responsabilidad, a pesar de su relativa juventud. El padre del señor era uno de los hombres con mas dinero de Alnorte, si bien su fama, como supe mas tarde no era precisamente inmaculada. Ademas, el señor era abogado y economista, había hecho masters en la Universidad de Columbia y en la Sorbona, amen de hablar correctamente tres idiomas y ocupar un importante cargo en una gran empresa se seguros. Vamos , un auténtico lumbreras.
No creo que en aquella primera tarde nos dieran de golpe toda esa información, a nosotras nos habrían parecido unos vanidosos insoportables y probablemente habríamos huido de ellos como de los grises. Y esta comparación me vale para referirme a temas políticos. Tampoco creo que entonces, ni en las siguientes citas, la política apareciera en nuestras conversaciones, no es que yo fuera una chica revolucionaria romana donde el no opinar sobre esos temas era virtud en una joven. Pero desde mi llegada a Madrid y por influencia de Rorro, que estudiaba políticas, me había formado mis propias difusas ideas en contra de los regímenes de Franco, y en mas de una ocasión había acudido a acompañar a mi amiga a actos subversivos universitarios que terminaban en el ya legendario San Fermín con toros de la ganadería " Los Grises". Pero mucho me cuidé yo en casa y en las siguientes citas de revelar mis opiniones en esa materia, de la misma forma que el tampoco me dejó siquiera entrever las suyas, como se puede suponer absolutamente favorable a la dictadura. Así que la tarde discurrió entre superficiales y divertidas conversaciones, hasta que llegó la hora de regresar al colegio, a cuya puerta nos acompañaron. Allí el señor sugirió que quedáramos ala día siguiente a la misma hora. Le contesté que tenía que estudiar y que además él tenía novia. Aclaró que Lolifán no era su novia, que tan sólo era una amiga, y añadió un comentario que no entendí bien "He salido con ella porque la confundí con una peluquera de mi ciudad con fama liberal, pero resultó que me había equivocado, y ya no me interesa". La cosa estaba bien clara, pero entonces no entendí el eufemismo, pues estaba tan fuera contexto y tan separado de la extrema correción con que se habían comportado hasta el momento él y Arturo, que debí interpretar libertad como referido a la política, y ya estaban dando las diez de la noche y había que entrar en el colegio, no había tiempo para pedir explicaciones. Y tampoco se lo conté a Rorro cuando en la cena, Macarena y yo nos atropellábamos para referir cada detalle de la velada, tal vez ella lo habría interpretado correctamente. Una pena, porque aquel comentario grosero y machista. Fue el primer indicio que yo no capté de la personalidad oculta del señor.
Al día siguiente, mi nombre volvió a sonar por los altavoces. El señor insitía en que quedáramos esa misma tarde. No accedí, entonces propuso invitar a Macarena y a mí a cenar que era viernes " Imposible, las normas del colegio no nos permiten salir mas tarde de las diez de la noche, a menos que...A menos que? preguntó él " A menos que tengamos una autorización de nuestros padres, que nos permitiría volver a las 12.30. Le aseguré que vería si podía resolverlo, la cosa quedó en suspenso. Era una aventura ¡Salir por la noche en Madrid!. Sólo en señalas ocasiones y en eventos de total confianza me habían permitido mis padres salir de noche. A Macarena le sucedía algo parecido y además esta entusiasmada con Arturo. Para nosotras salir por la noche era un mito.Macarena estuvo cavilando y al rato me pidió que la acompañara a la garita del teléfono. Con malicia en la expresión y sin adelantarme explicaciones, llamó a sus padres y les dijo que los míos venían a pasar el fin de semana a Madrid y habían sido tan amables, que la habían invitado a compartir con ellos y conmigo las excursiones y veladas. Pero a la inversa estaba segura de que no funcionaría pensando que les mentiría. Llamé al señor y le dije que solo asistiría Macarena, que lamentablemente yo no podía que yo me tenía que retirar a las diez de la noche. Me contestó que no preocupara, que el lo resolvía. Apenas habían pasado diez minutos y ya estaba yo pensando en  que podía hacer el señor para que yo tuviera permiso. Él tramó un plan, para que me dejaran salir, un poco molesto y diciendo que no le gustaban las negativas. Este medio día pasarán mi secretaria y su marido haciéndose pasar por ellos, me propone con tono imperativo. Por descabellada que me pareciese la idea, en el fondo lo encontré divertido y acepto, pero en seguida me doy cuenta del riesgo y muestro mis reservas. Lo organiza todo, él me tranquiliza, era todo como como si fuese un plan de fuga. Me indica que debería conocerlos antes de que acudieran al colegio para evitar fallos en la interpretación. Con una especie de pánico preescénico y escoltada por mis dos compañeras de habitación, acudo a una cafetería cercana al colegio, donde el señor me presenta a una pareja de cuarentones muy simpática y que como padres, no me habrían disgustado. De cara a las monjas eran perfectamente creíble y estaban encantados de hacer el favor a su jefe. La farsa fue todo un éxito y yo obtuve el permiso, si bien una vez acabó todo, Rorro planteó un problema en el que yo no había caído. ¿Que ocurrirá si alguna vez vienen tus padres de verdad a hablar con las monjas?, noté en el cuerpo un escalofrío de intranquilidad, pero solo fue eso, se fue a penas había llegado. A esas edades, el futuro es algo difuso, casi inexistente, y lo importante es que esa noche, iba a salir por Madrid. Pasamos el fin de semana con ellos haciendo planes maravillosos. comenzamos con una cena el viernes en un restaurante lujoso, con música clásica y velas...en directo. Apuramos hasta el límite la hora para regresar al colegio. Cuando nos despedimos en la puerta, el señor se apartó un tanto de Macarena y Arturo, y comenzó a alabar mi belleza y mi elegancia, y a dirigirme otros cumplidos, que concluyeron con una declaración de amor." me siento muy bien a tu lado y voy a hacer lo que pueda hacer y lo que no pueda también, para que seas mía. Una frase que me disgustaba sobremanera. El señor me dio indicio de su personalidad oculta.